Richard Feynman: las extravagancias de un Premio Nobel

Richard Feynman

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Todos los años por estas fechas mi amigo Carlos Ruano y yo nos hacemos la misma pregunta: ¿cuántos libros llevas leídos en lo que va de año?. Antes que responda ya sé que son muchos más que los que yo he leído. Y a continuación la siguiente pregunta es obvia: y en estos momentos, ¿qué estás leyendo?. Lo que le ha llevado a recomendarme vehementemente la lectura de “¿Está usted de broma, Sr.Feynman?”, libro que recoge las anécdotas de la vida de Richard Feynman, ganador del Premio Nobel de Física en 1965. Las aventuras de este curioso personaje aparecen tal y como le fueron referidas a Ralph Leighton.

Richard Feynman ha pasado a la historia por ser uno de los más importantes físicos del s.XX por sus trabajos en el campo de la electrodinámica cuántica que le valió el Premio Nobel de Física, así como incursiones en el campo de la nanotecnología.

En este libro autobiográfico encontramos anécdotas sobre su carrera como científico y sobre su vida personal. Y quizás éstas son las que más nos llaman la atención ya que descubrimos a un personaje peculiar, extravagante, vividor, con un gran sentido del humor y con una gran admiración por el cuerpo femenino.

Quienes convivieron con él a lo largo de su vida se acostumbraron a sus extravagancias, que eran en muchos casos su forma de averiguar cómo y por qué ocurren las cosas.

Algunas de estas anécdotas, aunque repetidas muchas veces, merece la pena recordarlas para acercarnos a la figura de este genio capaz de ver la simplicidad de las cosas aparentemente complicadas.

Resulta llamativo que fuera declarado deficiente mental por un médico del ejército de los EEUU en la Segunda Guerra Mundial y sin embargo, trabajó recién graduado en el diseño y desarrollo de la bomba atómica en el ” Proyecto Manhattan “. Aislado en Los Álamos, se aburría. Para distraerse reventaba las cajas fuertes del ejército en las que se guardaban los secretos de la bomba y dejaba dentro de esas cajas notas graciosas.

Una de sus aficiones, y que nunca ocultó, fue su gusto por los bares de topless. Cuenta cómo le gustaba la atmósfera de este tipo de bares para relajarse. Se pedía un 7-up y disfrutaba del panorama visual. Ya relajado, utilizaba las servilletas del local para escribir sus inspiraciones y reflexiones. 

Su mente lógica y despierta le llevó en ocasiones a tomar decisiones en principio incomprensibles pero a medio plazo rentables y beneficiosas, como la vez en que Altadena, la región en la que vivía, fue destruída por un incendio. Unos días después contrató un seguro contra riadas. Feynman pensó que el incendio al provocar la erosión del paisaje podría facilitar corrimientos e inundaciones. La riada ocurrió al año siguiente después de las lluvias invernales, destruyendo las casas del vecindario. El único cubierto por el seguro fue el ingenioso Feynman.

Richard Feynman

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Al final de su vida un alto cargo de la NASA lo nombró como uno de los miembros encargados de investigar el accidente del Transbordador espacial Challenger. Mientras los demás miembros mantenían reuniones para el estudio del problema, Feynman se mantuvo ajeno desde el principio. Se dedicaba a pasear por los hangares, conversaba con los técnicos e ingenieros de la NASA, preguntando hasta lo más inverosímil. Delante de las cámaras de televisión y de los periodistas, llegado el momento de dar las explicaciones del accidente, pidió un vaso de agua helada. Sumergió un anillo del transbordador y demostró que éste no recuperaba debido al frío sus propiedades iniciales. Esa fue su explicación, ya que la noche del lanzamiento hizo un frío intenso.

Su mente curiosa y su intenso deseo de aprender y descubrir le llevaron a interesarse entre otras muchas cosas por la pintura. En cierta ocasión, le encargaron que pintara un cuadro para una casa de masajes, pero al ir a entregarlo resultó que el dueño de ésta había sido detenido. Feynman volvió a guardar su obra en la camioneta y, con la bendición de su esposa, comenzó a recorrer los burdeles de Pasadena (California) para intentar venderlo.

También aprendió a tocar los bongos. Llegó a pasar unos meses en Brasil, se unió a una escuela de samba y participó en los carnavales de Río.

La vida de Richard Feynman da para mucho más. Para saber más de él, el libro “¿ Está usted de broma, Sr.Feynman?”, recoge un gran número de historias autobiográficas de Feynman.

Como dijo Ralph Leighton: “Que una persona haya podido inventar por sí sola tantas inocentes diabluras en tan solo una vida ha de servirnos, sin duda, de inspiración”.

 

 

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