“Me llamo Bravo y no tengo picha” o cómo atrapar al lector desde la primera frase

Giorgio Faletti

Giorgio Faletti

“Me llamo Bravo y no tengo picha. Así podría presentarme. Llevar un apodo en lugar del nombre verdadero no quiere decir nada”.  Así comienza la última novela que he leído del escritor italiano Giorgio Faletti (Asti, 1950) “Apuntes de un vendedor de mujeres”.

¿Quién no ha empezado a leer un libro y ante un arranque como el de Faletti, seductor e intrigante desde el mismo principio, no ha podido evitar seguir avanzando cautivado por esas primeras palabras?. Y por el contrario, ¿cuántos libros hemos abandonado después de leer las primeras páginas?. Esas primeras frases de un texto son de una importancia vital para capturar al lector y propiciar que siga progresando. Si esto no se consigue, en muchas ocasiones, todo mérito posterior será inútil.

Íncipit (del latín incipit “empieza”) es el nombre técnico que reciben esas primeras palabras o primera frase de un texto a las que muchos autores le dedican tanto tiempo como al resto del libro, ya que de ellas dependen que los lectores nos enganchemos a su lectura y no dejemos de leer.

Se dice que el escritor colombiano Gabriel García Márquez ha llegado a dedicar meses al comienzo de un libro. Otros, como el escritor mexicano Luis Felipe Lomelí, han llegado a crear con una simple frase un relato o microcuento: “¿Olvida usted algo?” “-¡Ojalá!”. Esa frase, a la vez  que nos atrapa, es la esencia de todo lo que el autor quiere contarnos, abriendo en nuestra imaginación un enorme abanico de posibilidades.

La American Book Review ha elaborado un ranking  con los 100 mejores comienzos de novelas. Si tenéis curiosidad por saber cuáles son esos 100 arranques más intrigantes y atrayentes os invito a entrar en su web. Encontramos novelistas que han acertado de tal manera con las primeras frases que esos principios se han convertido en famosos por sí mismos. A veces su contundencia los convierte en una historia por sí sola. La lista de la American Book Review está llena de ejemplos sobradamente conocidos en los que constatamos este hecho.

No obstante, quiero traer aquí junto con el libro de Giorgio Faletti, otros comienzos de libros que por la búsqueda de una situación fuera de lo común me causaron el impacto necesario para que no pudiera ya parar de leer. He aquí algunos de ellos:

“Me envolví en una toalla el pene ensangrentado y telefoneé al consultorio médico”.

Música de cañerías, Charles Bukowski.

“La tía Pita se murió, literalmente, de un pedo. Pero no por exteriorizar la flatulencia, sino por guardársela”.

La tía Pita y otras muertes no ordinarias, Victoria Haro.

“Estaba buscando un sitio tranquilo para morir. Alguien me recomendó Brooklyn, de manera que al día siguiente salí de Westchester y fui para allá a reconocer el terreno. No había vuelto en cincuenta y seis años, y no me acordaba de nada.”

Brooklyn Follies, Paul Auster.

“Al día siguiente no murió nadie”.

Las intermitencias de la muerte, José Saramago.

“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: ‘Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias’. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer”.

El Extranjero, Albert Camus.

Y a ti, ¿cuáles son los comienzos que más te han impactado? 

 

2 comments

  • Interesante post!. En el ranking de la American Book Review aparece en quinta posición el que sería mi comienzo de libro favorito, Lolita, de Vladimir Nabokov:

    “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.”

    Insuperable!!!

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    • Hola Carlos! Es un comienzo increíble. No es de extrañar que la American Book Review lo clasifique entre los cinco primeros. Y seguro que para muchos lectores, como en tu caso, lo colocarían en primer lugar. Gracias por tu aportación. Saludos!

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