Los nuevos barrios. Una reflexión sobre la gentrificación

Williamsburg

Williamsburg

Nueva York. Distrito de Brooklyn. Barrio de Williamsburg. Un barrio de ambiente artístico alternativo y vida bohemia. Un vecindario que concentra una gran cantidad de galerías de arte, una enorme variedad de restaurantes y cocinas de todo tipo, bares que ofrecen conciertos en vivo, mercadillos retro, locales para tatuarse, clubes de jazz, etc. Williamsburg también es conocido como el nuevo Soho o la capital hipster por excelencia. Williamsburg es cool, es moderno, es consumo.

Pero en la década de los 80 y principios de los 90 pasear por Williamsburg era peligroso y arriesgado. Eran los años del crack. En los últimos años el barrio ha ido sufriendo una transformación que lo ha convertido en lo que es ahora, una zona acomodada y tranquila. Lo que ha ocurrido es un fenómeno conocido con el nombre de gentrificación.

Otros casos de gentrificación similares a Williamsburg se han producido en Harlem (Nueva York), Soho (Londres), el Raval (Barcelona), o Chueca y Malasaña (Madrid).

Gentrificación (del inglés, gentry, “burgués”) es un proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado y con pauperismo es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor a la vez que se renueva.

Estos barrios degradados, sucios e inseguros se definen como necesitados de una regeneración o revitalización. Incluso se aborda la lucha contra el deterioro urbano a través del arte. El problema en realidad es la pobreza, la desigualdad, la marginalidad. Y se presenta una estrategia de actuación justificada con intervenciones destinadas a suprimir y acabar con aquellas actividades que degradan el barrio. Así se elimina cualquier rastro de su estilo anterior de vida a través de nuevos usos implantados y operaciones estéticas que llevan a una revalorización económica de la zona. La violencia disminuye, la confianza de la gente aumenta y comienzan las mudanzas a estos barrios que han cambiado de cara.

La estética de todos estos barrios es semejante. Locales que ofrecen un ocio similar y tiendas que venden productos parecidos.

No obstante, los cambios en el tejido social y en la estética de estos barrios no siempre ha tenido el beneplácito ni la aprobación de todos sus vecinos. El director y actor estadounidense Spike Lee acusó a la administración pública local por su repentina y novedosa preocupación por la mejora de servicios y cambios en el urbanismo en determinadas zonas de Nueva York como el Bronx o Harlem: “¿Por qué hace falta que se produzca un flujo de blancos neoyorkinos para que mejoren los servicios, las escuelas, etc?”. En nuestro país también se escuchan frases para la reflexión. Oscar Muñoz del Observatorio Metropolitano explicó: “Está muy bien mejorar la ciudad, el problema es cuando eso se hace buscando unos intereses que no son los de los ciudadanos”.

Efectivamente, hay una serie de pros en estas intervenciones pero también existen contras. Porque aunque donde antes había droga, prostitución y pobreza sustituídas ahora por seguridad, vida cultural activa junto con tiendas y bares de diseño, también se ha producido un desplazamiento de gentes, una invisibilización de determinados vecinos que llegan a sentirse extraños en su propio barrio, cierre de negocios tradicionales y una revalorización de alquileres que terminan por imponer un cierto estilo de vida y un dominio de clase que llega a excluir a algunos colectivos.

Estos barrios tienen un atractivo y una cara bastante diferente a lo que fueron en un pasado. La operación estética nos produce la atracción y seducción necesarias para vivir, pasear o comprar en ellos. Sin embargo, no podemos dejar de reflexionar y plantearnos el interés que existe en estas actuaciones para satisfacer otros alicientes que no son exclusivamente los de la gente que los habita.

 

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