El escritor que no escribe

Viendo el otro día uno de los capítulos de la serie de televisión Californication a su protagonista Hank Moody (David Duchovny) le espeta la jefa de su agente Charlie Runkle (Evan Handler): “Ah ! the writter who doesn´t write”. El afamado novelista de Nueva York ha perdido la inspiración tras el éxito de su último libro “God Hates us all” y su llegada a Los Angeles, donde se entrega a los placeres del sexo, del alcohol y las drogas.

Hank Moody

Hank Moody

Esta frase me hizo pensar en todos aquellos escritores que por diversos motivos se convirtieron en “el escritor que no escribe”.

La frase me resulta realmente divertida. Parece un oxímoron, ese recurso literario que consiste en utilizar dos conceptos de significado opuesto en la misma expresión.

Pero, ¿qué razones han llevado a algunos escritores a convertirse en “el escritor que no escribe”?

No cabe duda que una de las virtudes que debe tener un escritor/a para seguir escribiendo es la paciencia. Vuelvo a citar, y no es la primera vez en este blog, a Oscar Wilde que dijo: “Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla”.

Pero las razones pueden ser de lo más variopintas y diferentes. Aunque también de lo más misteriosas e insondables. 

Es conocidísimo el caso del escritor mexicano Juan Rulfo (1918-1986) que sólo publicó dos libros, “El llano en llamas” y “Pedro Páramo”. Al principio decía que se le había apagado la llamita; que le había abandonado la musa…hasta que un día confesó: “Porque se murió mi tío Celerino que era quien me contaba las historias”. Un admirador en una ocasión le dijo: “Tiene usted que escribir más libros”, a lo que Rulfo respondió: “¿ Más libros? si ya tengo dos”.

Otro caso bien célebre es el del poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891) que escribió sus primeros versos con 15 años y dejó para siempre la literatura a la edad de 20 años. “Una temporada en el infierno” y “Las iluminaciones” cambiaron los cánones de la poesía, pero el enfant terrible no volvió a retomar jamás la escritura.

Durante las dos décadas siguientes hasta su muerte hizo de todo. Viajó por Europa, principalmente a pie. Se enroló como soldado en el ejército holandés aunque desertó rápidamente. Se estableció en Adén (Yemen) como empleado de una agencia. Hizo una pequeña fortuna como traficante de armas. Vivió con una abisinia. Tuvo una relación tormentosa con Paul Verlaine. Bebió, consumió hachis, escandalizó.

Dentro de nuestras fronteras tenemos nuestro propio “escritor que no escribe”. Confieso que es una licencia mía ya que su obra es realmente extensa. Me refiero a Juan Ramón Jiménez (1881-1958). El mismo año que recibió el premio Nobel (1956) y que murió el amor de su vida Zenobia Camprubí, dejó de escribir. Todo lo que escribió lo hizo porque existía ella y después de su muerte ya nada tenía sentido, llegó a decir.

Escritores que no escriben, que viven recordando lo que alguna vez hicieron, que les abandonó la musa, que se entregan a otros deleites también placenteros, que no quieren escribir por miedo a no superar lo que ya han escrito.

Hank Moody “el escritor que no escribe” es uno de mis personajes favoritos. ¿Volverá a escribir? No lo sé! Lo que sí sé es que seguiré disfrutando con el afamado novelista que ha perdido la inspiración en la serie de televisión Californication.

 

 

 

 

 

4 comments

  • Buenas tardes:
    Más allá de que la reflexión es interesante y se merece todos los respetos, tengo que añadir que podrías haber mencionado (o leído) el Bartleby, el escribiente de Herman Melville con su famosísimo I would prefer not to cuando se le encomendaba alguna tarea (como era escribiente, cada vez que lo pronunciaba se negaba a escribir). Vila-Matas ha hecho buen uso de esto en Barlteby y compañía, donde hace un repaso a todos los escritores que dejaron de escribir en algún momento (lo digo por si te interesa).
    Respecto a Baudelaire, alguien dijo una vez que sólo había dos clases de poetas: los malos, que empiezan a escribir poesía a los 16 años y lo hacen toda la vida, y los buenos, que dejan de escribir poesía y se van a traficar con esclavos a África (esto fue lo que hizo Baudelaire, no hay porqué adornarlo).
    Y curioso es que menciones a Juan Ramón, que murió un año después que su mujer y si bien es cierto que dejó de escribir, también es verdad que sufrió una incontinencia verbal importante a lo largo de toda su trayectoria (prácticamente saludaba y publicaba un libro).
    Y nada más.
    Un saludo.

    Reply
    • Hola David ! Totalmente de acuerdo.El libro de Vila-Matas ” Bartleby y Compañía ” es uno de los muchos libros que tengo en cola para leer.No puedo evitar entrar en una librería y salir sin un libro, lo que significa que el número de libros que compro al año siempre es superior a los que termino leyendo.Con tu recomendación lo voy a tener más presente.Sobre Rimbaud es verdad que hizo de todo y no todo bueno.Sobre Juan Ramón, como escribí en el post, ya dije que era una licencia mía.Su producción literaria es casi ” inabarcable “, pero el hecho que dejara de escribir trás la muerte de Zenobia me venía al pelo para terminar el post 😉
      Gracias por tus comentarios.Saludos!

      Reply
  • Hola Álvaro, me gusta mucho tu manera de atajar este “Non place” de la literatura. Pienso que hay muchos ejemplos en la historia, me viene a la mente Neil Cassady, ¿qué piensas? Pero más deja marca asociativa en mí el nombre de Michi Panero, quien desde que conozco, considero un escritor que no escribe; huelga decir que escribió artículos menores y cosas así, pero basta escucharlo en “El desencanto” para afirmar que siempre tuvo una consciencia y voz poéticas que no sé, algunos dicen que desperdició o no ejerció, pero no me lo creo del todo. Saludos desde México.

    Reply

Deja tu comentario