De tal palo tal astilla: 3 casos de éxito (musical)

¿Se puede pretender hacer buena música cuando tu padre se llama John Lennon, cuando llevas el apellido Dylan o cuando casi todos los miembros de tu familia han sido músicos y han marcado un estilo como en el caso de los Marley?

Tener un padre o una madre con talento no asegura que los hijos tengan éxito. El talento es irremplazable. A veces se suele decir que los hijos de músicos no llegan al lugar que ocupan por mérito propio, lo que propicia las inevitables comparaciones entre padres e hijos.

No voy a hablar de Sean Lennon, ni de Jakob Dylan, ni de los descendientes de Marley. Y sí de tres grandes artistas que han superado con creces el peso de los apellidos de sus padres.

Maria Rita y Elis Regina

La muerte de Elis Regina a los 36 años, en 1982, dejó un enorme vacío en Brasil. Su legado artístico ha marcado a varias generaciones de cantantes brasileños y a millones de fans en todo el mundo.

Cuando Maria Rita publicó en 2003 su primer disco con el título de “Maria Rita”, las reacciones de muchos admiradores de su madre rozaron la histeria. Decían: “Elis ha vuelto! Se ha reencarnado en su hija!”.

El nombre de su madre influenció en el inicio de su carrera. No fue hasta los 24 años cuando Maria Rita inicia su carrera musical. De ese primer álbum llegaron a venderse más de un millón de copias.

Maria Rita declaró ante esas muestras de histerismo desatado : “No, no volvió, se fue, y yo no vengo a ocupar su lugar”.

Cuando se carga con un peso como el de ser la hija de la gran Elis Regina hay dos caminos: diferenciarse radicalmente o imitarla. Ambas opciones han sido su respuesta obteniendo un sobresaliente éxito.

Aquí la vemos en el Credicard Hall de Sao Paulo en 2012 cantando una de las canciones más emblemáticas de su madre.

Jeff Buckley y Tim Buckley

A Jeff Buckley y a su padre además del apellido les une la fatalidad de una muerte trágica y prematura.

Tim Buckley, el magnífico cantautor creador de un lenguaje musical sorprendente en los 60 con su mezcla de folk y jazz, era ya una estrella a los 21 años. A los 25 tenía problemas para obtener contratos discográficos por su dependencia de las drogas y a los 28 murió de una sobredosis de heroína.

Jeff grabó un sólo disco, “Grace”, a los 30 años. Dispuesto a grabar su segundo disco se perdió por la ciudad con un amigo y terminaron a orillas del río Wolf. Se zambulló vestido y las corrientes lo arrastraron. Murió ahogado. Jeff Buckley se fue demasiado pronto.

A pesar de la sombra alargada de su padre se convirtió en un músico extraordinario. Sus delicadas melodías y su sensibilidad estética lo hacían singular. Su único álbum compuesto de diez canciones que incluye la versión del Hallelujah de Leonard Cohen pasará a la historia entre los mejores.

Chucho Valdés y Bebo Valdés 

El hijo del recientemente fallecido pianista de jazz afrocubano Bebo Valdés, Dionisio de Jesús Valdés Rodriguez “Chucho”, tiene en su haber 8 premios Grammy (5 Grammy Awards y 3 Grammy latinos).

Su padre fue el precursor del jazz afrocubano y creador de un ritmo propio, la batanga, que arrasó en Cuba en los años 50.

Y de tal palo tal astilla. El joven Chucho Valdés a la edad de 15 años formó su primer trío de jazz con Emilio del Monte y Luis Rodríguez. A los 18 debutó con la orquesta dirigida por su padre “Sabor de Cuba”. En 1973 funda Irakere mezclando el jazz, rock y la música tradicional cubana. Irakere es el alma mater de la música cubana contemporánea.

Bebo y Chucho no son sólo padre e hijo. Los dos nacieron un nueve de octubre y han seguido un camino musical en el que han buscado conservar sus raíces y aportar caminos que ayuden a preservar la música caribeña a través del instrumento que les ha dado a conocer y del que han sido, y Chucho sigue siendo, auténticos maestros: el piano.

 

 

 

 

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