¿Cuál es el misterio del contagio de lo que compartimos en internet?

Hace unos días terminé de ver la serie “Black Mirror”. Esta miniserie de televisión británica creada por Charlie Brooker de 2 temporadas y 3 capítulos cada una me ha impactado de manera notable. Si en el capítulo de apertura te encuentras con el siguiente planteamiento me entenderás. La princesa Susannah, miembro de la familia real británica, es secuestrada. Para su puesta en libertad y no ser ejecutada hay una única demanda. A través de un vídeo subido a Youtube en el que aparece la princesa atada a una silla y mirando a una cámara, ésta entre sollozos explica la exigencia de su captor. El primer ministro Michael Callow debe aparecer en directo en la televisión británica en todas las cadenas británicas terrestres y vía satélite y tener relaciones sexuales completas y no simuladas con un cerdo. El vídeo del rescate ha estado en el servidor sólo 9 minutos, y aunque es retirado, se ha hecho viral y ya ha sido visto por muchos ciudadanos británicos.

Si un vídeo de ese tipo circulara 9 minutos por internet sería un tiempo más que suficiente para llegar a una inmensa cantidad de personas. Sin embargo, si pensamos en otros vídeos que no son de tan alto impacto, en ciertos vídeo montajes, en algunas de las fotos que circulan por facebook, twitter o whatsapp que se han viralizado tanto, no puedo evitar preguntame: “¿Cuál es el misterio de este contagio?”. Para buscar la contestación a esta pregunta me he comprado el libro de Delia Rodríguez “Memecracia:Los virales que nos gobiernan”, cuya publicación conozco gracias a “Hoy Empieza Todo” programa imprescindible de radio3.

Memecracia

Memecracia

Los fenómenos virales en internet se conocen como memes. Fue el biólogo Richard Dawkins quien acuñó el término en 1976 en su libro “El gen egoísta“, para definir esas frases, conductas o melodías que existen en cada cultura y se propagan por imitación. Dawkins las define como “unidades de transmisión cultural o unidades de imitación”. En definitiva, son esas ideas contagiosas que pasan de una persona a otra y que evolucionan de forma impredecible y aleatoria.

Antes de la llegada de internet los memes tardaban mucho en contagiarse, pero con la llegada de internet se originan más rápido y pueden recorrer el mundo en menos de los 9 minutos que tardó el vídeo de la ficticia princesa Susannah del primer capítulo de “Black Mirror“. Pero también son extremadamente efímeros y pasajeros. Un día están de moda las fotos de famosos enmarcadas entre frases de broma y al siguiente se hacen vídeo montajes con el “Relaxing cup of cafe con leche” de Ana Botella o el del excelente actor Bruno Ganz que interpreta a Hitler en “El Hundimiento“, del que se han confeccionado decenas de montajes tan variados como el del regreso de Belen Esteban a televisión.

Por lo tanto, ¿qué provoca que un contenido en internet se haga viral? Según Delia Rodríguez hay 3 tipos de memes que se imponen sobre el resto. Estos son los dirigidos a los instintos más básicos del ser humano, es decir, los que recurren a la comida, al sexo y al peligro. Asimismo, aunque recibimos tantísima información, elegimos la que nos entra por la vía más directa: la emoción. Aquello que provoca emociones fuertes y lo que nos hace pensar en los demás tiene más posibilidades de convertirse en viral. Según la autora a veces esta información “es un coladero de manipulaciones, bulos y todo tipo de intereses”, además de una pérdida de nuestro tiempo que nos desfocaliza de nuestros objetivos principales. Este poder contagioso, según Delia, no es inocuo. Las marcas comerciales o los políticos utilizan cada vez más memes para manipularnos. “Vivimos en una sociedad en la que prevalece lo breve sobre la reflexión o el análisis y la rapidez sobre lo lento, lo calmado y sosegado. Lo que más nos importa es lo más visto, lo que ha recibido más visitas”, atestigua Delia Rodriguez.

La autora de Memecracia nos plantea una reflexión colectiva: “Pararnos a pensar, reclamar ese espacio entre la emoción y la acción, mantener una cierta ‘higiene memética’, siendo respetuosos con lo que contagiamos a los demás. Y preguntarnos: ¿Es bueno que yo comparta esto? ¿A quién beneficia? ¿Hago daño a alguien? ¿Estoy siendo manipulado?”. Y tú qué piensas, ¿compartimos de manera tan compulsiva que se nos escapan los hechos de importancia, y no prestamos la suficiente atención al mundo real?

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